|
TRASPASADA ES LA
GLORIA DE LA IGLESIA

LEER: 1º Samuel 4 y 5
Apenas el fin de semana pasado se realizó en nuestra ciudad un
congreso cristiano con la participación de un par de miles de
personas. Como siempre, los invitados garantizaron el éxito de
la convocatoria debido al beneplácito popular y el regular
síndrome de atención en el hombre que moviliza a las masas de
cristianos en América latina. Nuevamente, se escucharon las
declaraciones efervescentes acerca del respaldo de Dios y su
favor para los proyectos y planes de esta generación de santos
que anhelan el cambio y la transformación de nuestro pueblo. Una
pletórica lista de argumentos sobre el impropiamente llamado
mover apostólico y profético en la iglesia encontraron un débil
y sutil sustento en algunos textos de las Escrituras.
Finalmente, uno de los conferencistas invitados declaró con
vehemencia y con el cómplice candor de los asistentes que “El
tiempo de la Presencia había pasado y que este era el tiempo de
la excelencia para la Iglesia”
Es en este punto donde me quiero detener para formular mi
análisis a una de las declaraciones y conclusiones más
peligrosas que he escuchado en todos mis años de ministerio a
Dios. Mi deliberada intención es estimular el siempre necesario
y bíblico deseo de hallar a Dios. Es la carencia de ese deseo,
de esa hambre, lo que ha producido la actual situación de
desgano, tibieza y desinterés en que está sumida la iglesia. La
vida religiosa, fría y mecánica que vivimos es lo que ha
producido la muerte de esos deseos. La complacencia es la
enemiga mortal de todo crecimiento espiritual. Si no sentimos
vivos deseos de verle, Cristo nunca se manifestará a su pueblo.
¡El quiere que le deseemos! Y triste es decirlo, él nos está
esperando a muchos de nosotros hace mucho tiempo.
Cada siglo tiene sus propias características. Actualmente
estamos en una época de complejidad religiosa. Es muy raro
encontrar la sencillez de Cristo. Esta ha sido reemplazada por
planes, métodos, organizaciones y un mundo de actividades
frenéticas que se llevan todo nuestro tiempo y atención, pero
que no satisfacen los anhelos del alma. La escasa profundidad de
nuestra experiencia, lo hueco de nuestro culto, y la manera
servil como imitamos al mundo, todo indica el superficial
conocimiento que tenemos de Dios. Y que es muy poco lo que
sabemos acerca de su paz.
Si queremos hallar a Dios en medio de tanta aparatosidad
religiosa y afán de excelencia, lo primero que debemos hacer es
encontrarlo a él, para luego seguir en pos de él con toda
sencillez.
La mala costumbre de buscar a Dios junto con otras cosas, nos
impide hallarle a él mismo, y que nos revele toda su plenitud.
Es en esas otras cosas donde está la causa de nuestra desdicha.
Si dejamos esa vana búsqueda adicional muy pronto encontraremos
a Dios, y en él hallaremos todo lo que anhelamos.
La verdadera teología de la adoración y la consagración a Dios
tienen su origen en Dios y no en el hombre. Recordemos las
acertadas palabras de A.W Tozer:
Debe haber de nuestra parte una respuesta recíproca a la
atracción de Dios, si queremos disfrutar de la experiencia de la
verdadera adoración. Buscamos a Dios porque él ha puesto en
nosotros deseos de dar con él. "Nadie puede venir a mi —dijo el
Señor Jesús- si mi padre celestial no le trajere" Y es esa
atracción de Dios lo que nos quita todo vestigio de mérito por
haber acudido a él. El impulso de salir en busca de Dios emana
del propio Dios, pero el resultado de dicho impulso es que
sigamos ardorosamente en pos de él. Y mientras andamos en pos de
él, estamos en sus manos. Dice el salmista: "Tu diestra me ha
sostenido" Salmos 63:8 V.M. A.W. Tozer
Nosotros los cristianos corremos peligro de perder a Dios entre
las maravillas de su Palabra. Casi hemos olvidado que Dios es
Persona, y que, por tanto, puede cultivarse su amistad como la
de cualquier persona.
Acerquémonos a los santos hombres y mujeres del pasado, y no
tardaremos en sentir el calor de su ansia de Dios. Gemían por
él, oraban implorando su presencia, y le buscaban día y noche,
en tiempo y fuera de tiempo. Y cuando lo hallaban, les era tanto
más grato el encuentro cuanto había sido el ansia con que lo
habían buscado. Moisés se valió de que ya conocía a Dios para
pedir conocerle más: "Ahora pues, si he hallado gracia en tus
ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te
conozca, y halle gracia en tus ojos" (Éxodo 33: 13). Y después
se atrevió a hacer una solicitud aún más atrevida: "Te ruego que
me muestres tu gloria" (vs. 18). A Dios le agradó este
despliegue de ardor, y al día siguiente le dijo a Moisés que
subiera al monte, y allá le hizo ver toda su gloria.
El hombre que tiene a Dios por su posesión, tiene todo lo que es
necesario tener. Podrá carecer de todos los tesoros materiales,
o si los posee, estos no le producirán ningún placer especial. Y
si los ve desaparecer, uno tras otro, apenas podrá sentir la
pérdida, porque teniendo a Dios tiene la fuente de toda
felicidad. No importa cuántas cosas pierda, de hecho no ha
perdido nada. Todo lo que posee, lo posee en Dios, pura y
legítimamente para siempre.
El verdadero ideal cristiano no es ser feliz, no es ser
excelente, no es la comodidad sino ser santo. A.W. Tozer
Por: José Rueda
Director Crescendo
Bibliografía: La Búsqueda de Dios - A.W Tozer
BUSCANDO A DIOS EN EL RIO: Bob Sorge
En el libro Sumérgete en el río de Dios, Bob Sorge
hace una brillante comparación entre la adoración
congregacional y la adoración celestial, señalando
que la adoración en el cielo es impulsada por la "multitud",
mientras que la adoración congrecional en nuestras iglesias
es impulsada desde la "plataforma".
El autor se basa en el texto de Apocalipsis 7:9-10 para presentarnos
su idea, ilustrando magistralmente este punto a través
de una adaptación de la visión que tuvo Juan:
"Y yo Juan, observé una plataforma. Y sobre
la plataforma, un micrófono. Y en el micrófono,
un líder. Y un poco detrás del líder había
cuatro cantantes, cada uno con un micrófono. Y el micrófono
del líder era más fuerte que el de ellos. Y también
vi un teclado. Y guitarras. Y una batería. Y parlantes.
Y el sonido que venía de la plataforma era tan poderoso
que uno no podía decir si alguien estaba cantando"
La metáfora tiene como fin destacar las diferencias entre
la adoración celestial y la adoración congregacional
de las iglesias de hoy:
- La adoración congregacional es impulsada desde la plataforma.
- La adoración celestial es impulsada por la multitud.
- La adoración congregacional es dirigida por un líder.
- La adoración celestial no tiene un líder.
- La adoración celestial no necesita de alguien que diga:
"Levanten las manos" o "Quiero oírlos
cantar".
Finaliza diciendo: "La clave
de la adoración está en la puerta de cada uno
de nuestros corazones"
El Río de Dios y La Adoración Profética
• Nadie cuestionaría que hemos experimentado un
renacimiento en la adoración en años recientes.
Y sin embargo ¿A dónde se dirige todo eso?
• Muchas personas pasan por nuestros servicios de adoración
y llegan al otro lado, en la mayoría de los casos sin
ser tocados. Se van un poco húmedos diciendo: <<En
esta iglesia tienen buena música>> O podrían
decir: <<Bonito servicio>>. Pero esos elogios plásticos
reflejan que han experimentado mucho menos de aquello que la
muerte de Jesús proveyó.
• Hemos sido creados para el río celestial. ¡Es
nuestro destino!
• Solo el rio de Dios satisfará las ansias profundas
del espíritu humano. (Salmo 42:1)
• Ezequiel 47: 1-9
• Necesitamos servicios de adoración que no puedan
ser cruzados a nado.
• Los mayores deleites del río no se encuentran
en la orilla sino en medio de su caudal, sumergidos en el.
• ¿Qué dicen los incrédulos al salir
de nuestras reuniones hoy?
Observe lo que la Biblia dice que debería ocurrirle a
una persona que asiste por primera vez a nuestras celebraciones
de adoración a Dios.
(1 Corintios 14: 24-25)
1Co 14:24 Pero si todos profetizan, y entra algún
incrédulo o indocto, por todos es convencido,
por todos es juzgado; 1Co 14:25 lo oculto de su corazón
se hace manifiesto; y así, postrándose
sobre el rostro, adorará a Dios, declarando
que verdaderamente Dios está entre vosotros.
El mover profético de Dios en este tiempo tiene que ver
con el río de su presencia fluyendo en medio de nosotros
para que los no creyentes sean convencidos por la potencia de
su presencia manifiesta, se postren sobre su rostro, adoren
a Dios y declaren al mundo que verdaderamente Dios está
con su iglesia.
Debemos dejar fluir su río y detener nuestros esfuerzos
por crear la atmósfera de su presencia con las desgastadas
fórmulas de entretenimiento cristiano y el lenguaje predecible
de los directores de adoración que pretenden llevar al
pueblo a un lugar que ellos mismos no han conocido.
Debes sumergirte tú primero en el río de Dios y
luego tendrás autoridad y convicción cuando
animes a otros para que también lo hagan. Tu les
dirás: Vengan, sumérjanse en el río,
el agua esta deliciosa, es fresca, no hay nada mejor. Y qué
crees, LA IGLESIA TE CREERÁ y juntos experimentaremos
la gloria transformadora y renovadora de su presencia.
Por: José Rueda
Director Crescendo
|

Recomendado
____________________
más
información 
fotos
____________________
 |